La casa se derrite
El asfalto se pega a los pies
La quimera que deseamos
La realidad que nos deja ciegos
El sueño que tuve
y que jamás existió
El ahora despierto entre flores de papel
La primavera que desapareció
El otoño que cava tumbas de hojas secas
Y este septiembre asqueado de sed
Y este campo en llamas
Y este mundo que ya se acabó
No se dan cuenta
Y el tonto de los pueblos urbanizados
negando lo evidente
Y un delfín calcinado en medio del océano
Te llamo
y no contestas
Hurgo en los bolsillos
y no encuentro más que la compañía
de la miseria
El alma se va de los cuerpos incandescentes
Mi alma se retiró de mis huesos de cal
No había camino
¿Y la huella?
Intrascendencia de una ruta sin sentido
El tiempo que se agota
El dilema de ser silvestre o ser dominado
Y en la voz,
estruendo de ovejas al redil
Suicidas de domingo por la tarde
Pastilleros los lunes de redención
Bocetos de mierda y tren de mercancías
a las seis de la mañana
Y este bochorno que mata
Y este gorrión que falleció en mis manos
No hubo salvación ni viento de levante