Me pongo el sombrero
Cierro la puerta de guaridas y
escondites
Paseo por las calles llenas de
juglares difuntos
Extranjero de todo lugar
Indigente en cualquier lugar
Ese soy
Aquella eres tú
No poseo silla donde sentarme
Ni planta que regar
Ni lunes de ocho a tres
Ni martes de tres a siete
Cuándo se torció el tronco de la
virtud
Cuándo dejé escapar la oportunidad
de ser mercancía altamente
cualificada
El sol baña de luz la plaza del
canto y el desvarío
Nos echamos unas risas
Nos contamos unas mentiras
Nos juramos puentes y arroyos donde
caernos muertos
Ahí está la verdad
Lo podemos cumplir
Un beso que vale un castillo
Un abrazo que es el aposento del
desvalido
El infinito encerrado en un segundo
Y el ir sin saber donde aterrizar
El canto sin cigarra
La huella del sendero que deseo
emprender
Demasiado tarde para deambular sin
cielo que conquistar
Me quito el traje de nadie
Invisible voy tropezando piedras
Añorando ríos que murmuran
corrientes de fuga
En la huida
Los vencejos planean su vuelo de
luto
Eterno acontecer sin descanso